Introducción

 

 

Contenido de esta página

La presente página tiene como fin reunir el mayor número posible de datos conocidos, o que se vayan dando a conocer en el futuro, sobre la familia ORCHIDACEAE en la Península Ibérica.

La principal fuente de datos ha sido nuestra experiencia personal, basada en las observaciones efectuadas en el campo y en los trabajos de investigación que llevamos a cabo (en algunos casos aun sin publicar), así como en nuestra experiencia docente de largos años.

Además, y en muchos casos con carácter previo, se ha obtenido información de otras dos fuentes tradicionales en la botánica: las colecciones de herbario y la bibliografía. De esta última, se han compilado datos procedentes de publicaciones en revistas científicas, guías solventes, estudios taxonómicos y florísticos, etc.

Nuestra pretensión es que se trate de una página dinámica, de manera que según se vaya avanzando en el conocimiento biológico de las orquídeas ibéricas, se irán añadiendo los nuevos datos o modificando los existentes. Asimismo se incorporarán las aportaciones que nos sean facilitadas, citando siempre las fuentes, por otros investigadores interesados en el tema, a los que desde aquí brindamos la posibilidad de contactar con nosotros.

 

Acerca de los nombres científicos de las orquídeas

Probablemente, uno de los temas más farragosos es el relativo a la nomenclatura de las especies vegetales, y por supuesto, de las orquídeas.

Vamos a intentar explicar porqué los nombres que empleamos y sus autorías, de un modo relativamente sencillo.

En primer lugar, todos los nombres de plantas deben atenerse al Código Internacional de Nomenclatura de Algas, Hongos y Plantas, cuya última versión fue aprobada en Melbourne (Australia) en 2011. Este código se rige mediante principios, artículos, reglas y recomendaciones.

Uno de los principios más importantes del código establece que los nombres científicos de los organismos vegetales deben escribirse en latín. De este modo, toda la comunidad científica (y aficionada a la orquidología) sabrá de qué especie hablamos al mencionar Cypripedium calceolus, mientras que difícilmente nos entenderíamos si la nombráramos por sus nombres vulgares en las diferentes lenguas (zapaticos de la Virgen, esclops, sabatetes de la Mare de Deu, sabot-de-Vénus, sabot de la Vierge, Lady’s slipper orchid, etc…)

Otro principio establece que la categoría taxonómica básica es la especie, que se cita como un binomen (el sistema de nomenclatura popularizado con fines didácticos por Linneo se denomina "nomenclatura binominal") formado por una primera palabra que corresponde a la categoría taxonómica de género y una segunda que sería el restrictivo específico. Así, el mencionado Cypripedium calceolus. La categoría taxonómica de género queda incluida en una superior, que es la de familia, en este caso Orchidaceae. Además, cada categoría taxonómica solamente puede tener un nombre válido.

Portada de la obra de LinneoEl Código establece que todos los nombres científicos en latín aceptados por el Código tienen que haberse publicado a partir del 1 de mayo de 1753, fecha de publicación de la obra Species Plantarum de Carl von Linnaeus. Desde esa fecha, todavía permanecen algunos nombres actuales de orquídeas como Cypripedium calceolus L., Sp. Pl.: 951 (1753).

Desde la edición de la obra linneana, se han nombrado y descrito (o no) numerosas especies (y categorías infraespecíficas, como variedades y subespecies) de orquídeas. Estas últimas suelen mencionarse en las fuentes de información con las abreviaturas var. y subsp.

Si tenemos en cuenta la memoria histórica, podemos comprender por qué hay tantos nombres en la bibliografía y porqué solamente empleamos algunos en la actualidad, quedando los demás como sinónimos.

Durante la segunda mitad del siglo XVIII y todo el siglo XIX, el conocimiento de las orquídeas fue en aumento, pero en aquellos tiempos era difícil tener acceso a toda la información existente. Por ese motivo, distintos autores podían describir la misma especie en diferentes territorios sin saber que otro autor ya lo había hecho previamente. A este respecto, un principio del Código de Nomenclatura establece lo que se denomina la regla de la prioridad, por lo que un nombre más antiguo (aunque siempre posterior a 1 de mayo de 1753) prevalece sobre otro posterior. Por ejemplo, Epipactis atrorubens fue descrito por Georg Hoffmann en 1809 y Epipactis atropurpurea lo fue por Constantin Rafinesque en 1810. Ambas descripciones coinciden y el problema es que Rafinesque no tenía constancia de la publicación un año anterior de la otra especie. Por ese motivo, como la planta más antigua es la descrita en 1809, el nombre aceptado es el de E. atrorubens, y la otra pasa a ser un sinónimo de éste. Como este caso, se pueden encontrar muchísimos en la bibliografía.

Otro aspecto importante es el relativo a lo que en Botánica nomenclatural se conoce como combinaciones. Como hemos mencionado anteriormente, a partir de la obra de Linneo se han descrito numerosas especies, y el propio Linneo reconocía pocos géneros dentro de las orquídeas. Según han evolucionado los estudios sobre estas plantas, ha aumentado el número de géneros, y las que el "príncipe de los botánicos" consideraba dentro de un género han pasado a integrarse en otros distintos.

Por ejemplo, Linneo describió Serapias rubra L. en 1767. Sin embargo, Louis Richard consideró en 1817 que esta especie forma parte del género Cephalanthera, bajo el nombre de C. rubra (L.) Rich. En este caso, el autor ha realizado una combinación, porque realmente no describe nada nuevo sino que corrige la propuesta inicial de Linneo ya que no pertenece al género Serapias. En una combinación nomenclatural, el último epíteto (en este caso, “rubra”) se mantiene y se indica entre paréntesis al autor original -en este caso, (L.)-.

En las dos últimas décadas, los avances en Biología Molecular han provocado un cambio impresionante de nombres científicos y ha aumentado el número de combinaciones. Por ejemplo, una buena parte  del elevado número de especies que se integraban en el género Orchis ha pasado a formar parte de los géneros Anacamptis, Neotinea y Androrchis, quedando relegadas al género Orchis únicamente las especies con labelo antropomorfo.

También encontramos nombres denominados ilegítimos según el Código de Nomenclatura. Por ejemplo, Epipactis parviflora (A. & C. Niesch.) E. Klein (1979) es un nombre ilegítimo ya que existía uno anterior de otros autores – E. parviflora (Blume) A.A. Eaton (1908) –, y como ya hemos mencionado, cada categoría taxonómica solamente puede tener un nombre aceptado por el Código. Por ese motivo, no puede emplearse el nombre de E. parviflora (A. & C. Niesch.) E. Klein para nuestra orquídea, que actualmente se nombra como E. kleinii M.B. Crespo, M.R. Lowe & Piera.

En los ejemplos mencionados podemos comprobar que detrás de cada nombre científico se indica el/los autor/autores. Por lo general se abrevian los nombres, de ahí que Linneo se escriba como L., o Lamarck como Lam. Entre la comunidad científica botánica se aceptan las abreviaturas propuestas en la obra Author´s names, publicada por Richard Brummitt & G. Powell, y editada por los Kew Gardens de Londres. Como se ha explicado anteriormente, si aparece un nombre de autor entre paréntesis, es porque se trata de una combinación nomenclatural.

Como síntesis de todo esto, debemos concluir que quedan muchos estudios por realizar en las orquídeas, y que su nomenclatura todavía puede cambiar en los próximos años. Además, como en muchas otras cosas, no existe un consenso estricto en la aceptación de la taxonomía de determinados géneros y especies, de ahí la dificultad para tratar grupos como los de Anacamptis morio o Androrchis mascula, en los que se han mencionado un gran número de taxones dentro de sus correspondientes géneros o de Orchis. Pero tampoco hay que asustarse ni renegar de la nomenclatura, al fin y al cabo, la mayoría de la comunidad orquidológica sabe a que nos estamos refiriendo aunque no se esté totalmente de acuerdo con el nombre definitivo.

Sobre las orquídeas y la naturaleza humana

Pero todo lo anteriormente expuesto, en apariencia tan serio y con una base científica firme, debe ser modulado por un factor externo y en buena medida previsible: la humana naturaleza.

Qué duda cabe de que las orquídeas son un grupo vegetal especialmente atractivo y de él se han ocupado desde profesionales de contrastada solvencia hasta aficionados con acceso a la posibilidad de publicar en revistas científicas de más o menos nivel. Pero sucede que la problemática anteriormente explicada sobre nomenclatura y taxonomía no está fácilmente al alcance de todo el mundo, ni es sencilla de entender. Especialmente los conceptos biológicos y evolutivos que implica. En conjunción con un grave pecado de localismo con frecuencia cometido, conduce a muchos orquidólogos a la descripción de nuevos taxones, o a resucitar entidades mal identificadas, para referirse a especimenes sin diferencias apreciables con los que aparecen en otras áreas geográficas, en ocasiones próximas. Ejemplo sangrante es lo que sucede en buena parte de los géneros Ophrys y Epipactis, pero no son los únicos.

Cuando se llevan a cabo estudios biogeográficos cuidadosos, como los que nos hemos tomado el trabajo de hacer para confeccionar los mapas que en esta página se pueden ver, sin ir más lejos, destaca de forma llamativa la presencia de nombres científicos pertenecientes a táxones que habitan en lugares geográficamente muy alejados de nuestro territorio, principalmente en los géneros Dactylorhiza y Ophrys. No hemos considerado oportuno mencionar esta diversidad de nombres, porque otros autores o nosotros mismos ya hemos corregido o revisado en diferentes publicaciones esas menciones.

 

La conservación de las orquídeas

Orquídeas y CITES

El Convenio sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestre, conocido como convenio CITES regula el comercio de especies, pero no se encarga de la conservación de éstas, aunque pueda dar a entender que trata más este aspecto. España se adhirió a este Convenio en 1986. Intenta asegurar que el comercio sea sostenible y no provoque la desaparición de las especies.

Comprende tres apéndices, nombrados I, II y III, e incluyen más de 33000 especies entre plantas y animales. En el apéndice I quedaron incluidas algunas especies, y todas las pertenecientes a géneros como Paphiopedilum y Phragmipedium, algunos de cuyos cultivares pueden obtenerse en floristerías y viveros. Además, en el apéndice II se incluyó la totalidad de la familia Orchidaceae. El motivo para incluir toda la familia era la dificultad de reconocimiento para el personal de aduanas. Aunque realmente se ha hecho por el problema comercial, debemos indicar que es reducido el número de géneros que se destinan a tal finalidad, destacando entre otros Phalaenopsis, Cattleya o Laelia. Sin embargo, varias de las especies ha visto reducido notablemente su número en ambientes naturales y ha aumentado en el ámbito comercial.

A nuestro entender, no todos los taxones de la familia Orchidaceae deben integrarse en el Convenio, ya que muchas especies no tienen trascendencia económica porque no se cultivan ni tendrían éxito con esta finalidad.

Orquídeas y listas rojas

En España, hay una serie de especies que figuran en la Lista Roja de Flora Amenazada. Se han incluido aquellas que presentan un reducido número de poblaciones e individuos, como Corallorhiza trifida, Cypripedium calceolus, Epipactis phyllanthes, Epipogium aphyllum, Orchis spitzelii y Serapias nurrica. También aparecen dos taxones recientemente descritos aunque requieren mayor confirmación de su status como Dactylorhiza cantabrica H.A. Pedersen y Serapias occidentalis C. & P. Venhuis. También aparece Anacamptis palustris subsp. robusta (T. Stephenson) R.M. Bateman, Pridgeon & M.W. Chase, que requiere un estudio más profundo. En esta lista también aparecen dos especies endémicas de las islas Canarias: Himantoglossum metlesicsianum (W.P. Teschner) P. Delforge y Orchis canariensis Lindley.

Además, suelen publicarse listados semejantes a nivel autonómico y provincial. En varios de éstos, se incluyen taxones cuya presencia es puntual en una provincia, entre otras cosas, porque no se dan las condiciones para que aparezca en más espacios de dicho territorio. También es notorio que se considera su inclusión en un listado regional o provincial cuando en el resto de la flora ibérica es un taxon abundante.